Mendoza: Los «dealers» operan dentro de las escuelas

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Vendedores y consumidores de drogas en el aula. Lo contó una docente consultada por este diario. Una realidad que ayuda a poner en perspectiva el problema de las drogas en Mendozza, luego de la conmocionante muerte del joven deportista Cristian Puleo (21), el chico rugbier de Chacras de Coria que falleció durante un asado junto a sus amigos, donde consumieron diversas drogas; marihuana y LSD, por lo menos. Desde MDZ se indagó en las instituciones testigos de los primeros acercamientos de los jóvenes a las drogas, las escuelas.

Hoy en día las escuelas se enfrentan a una problemática que va más allá de las faltas de respeto o las pocas ganas de estudiar por parte de los chicos, es que los vendedores de estupefacientes encuentran en los jóvenes un mercado propicio para expandirse y esta problemática no puede quedar lejos de la vista de los educadores.

De parte de la Dirección General de Escuelas (DGE) no reciben un «protocolo» o un «plan de acción», porque el tema drogadicción corresponde a Salud, pero este segundo Ministerio no tiene como obligación instruir a los docentes.

Pese a que sí se trabaja en conjunto con las instituciones educativas en programas de concientización, estas últimas no tienen directivas claras de cómo actuar cuando se encuentran con la «sospecha» o el «primer indicador» de que un chico se encuentra relacionado con las drogas.

¿Cómo trabajan las escuelas ante un posible drogadicto?

La docente de la escuela Fray Mamerto Esquiú (Capital), Silvia Lo Castro, indicó que “gracias a Dios no han detectado casos de chicos que hayan llevado drogas al establecimiento o que hayan ido drogados”.

Sin embargo dijo “que no pondría las manos en el fuego por todos sus alumnos” ya que reconoce no “tener la capacidad para diferenciar” los efectos de las drogas.

“En muchos casos los docentes notamos algo raro pero no sabemos reconocer si el olor viene de algo que han fumado, o si están bajo los efectos de alguna droga”, explicó Locastro.

«Hacemos cursos con respecto a eso, y nos tratamos de capacitar, pero de todas maneras muchas veces no estamos preparados para detectar esta problemática, aunque sí uno ve que algo pasa», continuó la profesora.

Según Locastro, son muchos los temas que afectan a los alumnos por los que se deben preocupar y la escuela intenta abarcarlos a todos.

«Hoy estamos más involucrados con los temas sexualidad y violencia familiar porque los detectamos con mucha frecuencia, que con alcoholismo y la drogadicción, suponemos que existen casos, porque pese a ser una escuela céntrica, somos una institución urbano marginal y las problemáticas de este tipo son comunes», continuó.

La docente indicó que además de no haber un “plan de acción”, tampoco existe capacitación “oficial” para los docentes, y muchas veces lo que hace falta es “información, para atender adecuadamente a la persona que está enferma, porque está enferma”, recalcó.

Desde la escuela Los Corralitos (Guaymallén), una asesora pedagógica y miembro del servicio de Orientación -que prefirió no decir su nombre- comentó qué hacen cuando observan un caso de drogadicción o consumo de drogas en las escuelas.

«Lo primero que debemos hacer es entrevistar a los padres y al alumno, pero siempre con algún tutor o encargado presente», comentó la profesional.

Pero sólo en casos en los que se está completamente seguros se puede realizar una derivación a algún centro especializado. Y en caso de que las drogas se encuentren realmente en la escuela se puede llamar a fonodroga.

Según explicó la asesora, por tratarse de menores, los educadores no pueden denunciar que existe una sospecha, y no pueden actuar de forma directa hasta que el alumno esté en una situación en la que él mismo -en presencia de sus padres- admita que «tiene un problema».

«Lo que se hace es estar atentos a cualquier situación que se presente en relación a un menor sospechado», indicó.

La asesora contó una situación ocurrida en otra escuela en la que trabaja, en Luján, en la que se encontró a un chico que “no estaba bien” -nuevamente la profesional indicó que no se lo puede acusar de haber consumido, pero pueden llamar a los médicos si ven que el chico se descompone o no actúa normalmente.

«Una vez que se llamó al servicio médico para que asistiera al menor, el alumno frente a sus padres reconoció que el consumo de drogas era la causa de su descompostura», relató la mujer.

En este caso, los padres se hacen responsables del menor y la escuela, por su parte encuentra herramientas para actuar.

«Una vez que se ha detectado que realmente el menor consume, y que los padres han tomado conocimiento de esto, ahí recién se le pide a los encargados del chico que lo lleven a una institución especializada y se les exige una certificación que acredite que -el alumno- está yendo, más los informes correspondientes de su evolución», finalizó la profesional.

Fuente: MDZ