En cancha de Quilmes, el fútbol argentino tuvo otra muestra de su locura

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Quilmes - River estuvo detenido 10 minutos, por problemas entre hinchas locales y la policía.   Foto: LA NACION  / Mauro Alfieri

  

El Encuentro entre River Plate y Quilmes , desarrollado en el estadio Centenario de dicha localidad bonaerense, se vio interrumpido en tres oportunidades debido a incidentes originados por la parcialidad local.

La primera situación se dio faltando quince para el cierre de la primera etapa, cuando se escapaba solo el atancante de Quilmes Jonathan Zacaría y volante riverplatense Matías Kranevitter, quien estaba amonestado, lo cortó y como último hombre, lo que generó el reclamo del banco de suplentes local.

 

 

Cuando el árbitro del encuentro Germán Delfino se acercó a dialogar con el DT quilmenño, Blas Armando Giunta, y desde la platea le arrojaron una botella que impactó en su hombro izquierdo y motivó una suspensión por alrededor de tres minutos.

El juez decidió no aplicar el reglamento y continuó el juego, la policía intentó ubicar al agresor y, tras algunas escaramuzas entre los socios, la calma volvió a la platea.

En los últimos cinco minutos del primer tiempo hubo además incidentes en las adyacencias del estadio, entre la policía y simpatizantes que intentaron ingresar sin entradas.

Luego el partido se suspendió a los 20 minutos de la segunda etapa, porque desde la popular local los hinchas se colgaron del alambrado y arrojaron pirotecnia, el juego se suspendió por alredor de cuatro minutos.

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El último incidente se originó a los 36 minutos de la parte final y motivó una larga suspensión por 11 minutos. Todo comenzó cuando un efectivo policial que estaba en un patrullero debajo de la platea, accidentalmente, accionó un proyectil de gas lacrimógeno.

El viento llevó el gas a la platea, por lo cual los hinchas comenzaron a arrojarle proyectiles a la policía y se generó un desbande generalizado que casi motiva la suspensión definitiva.