Con la reforma del Código Civil, ¿qué pasará con la uniones de convivencia?

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En este post vamos a charlar un poco más sobre las uniones convivenciales, pero más específicamente de la reforma del Código Civil y Comercial de la Nación que ya tiene media sanción en senadores desde noviembre del año pasado. Como les adelanté: no se ilusionen.

“¡A mí me dijeron que con la reforma ya está, va a ser lo mismo que estar casados!” ¡No!

A primera vista, parecería que a través de la modificación, las parejas convivientes adquieren la totalidad de los derechos que poseen las personas casadas. Sin embargo, si analizamos un poquito más la cuestión, se trata de una reforma un tanto tramposa.

Les cuento como anécdota que fui la primera en caer en la trampa. Llegué a la entrevista con el Dr. Agustín Sojo con la primera versión de la reforma, creyendo hasta entonces, que los convivientes iban a ser tratados como cónyuges. Me redirigió el contenido del post y me contó que al proyecto original, antes de darle media sanción, le hicieron una modificación muy pequeña pero sustancial: la reforma es mucho maquillaje.

Efectos de la convivencia:

En la versión original de la reforma, los efectos de la unión convivencial cesaban por el propio cese de la convivencia durante un período de un año (o por notificación fehaciente del cese) y por lo tanto, los efectos de la convivencia se mantenían durante ese año. En otras palabras, la convivencia NO terminaba hasta UN AÑO DESPUÉS de dejar de convivir físicamente. Los convivientes seguían jurídicamente vinculados.

Al aprobarse desde senadores, se mantuvo el supuesto de cese por notificación fehaciente, entre otras opciones de cese, pero se eliminó el período de un año. Con la modificación, la unión convivencial termina cuando ésta termina físicamente. Al respecto, el Dr. Sojo nos cuenta: “esta modificación es sustancial, porque de alguna manera, cesada la convivencia, cesan todos los efectos” y nos recomienda: “Hay que leerlo (refiriéndose al proyecto) entero para darse cuenta que esa protección dura lo que dura la convivencia, a veces un poquito mas”

Como consecuencia de esta “pequeña pero sustancial” reforma, los derechos de los convivientes, tendrían su límite puesto en el tiempo que dure la unión convivencial. Cesada físicamente la convivencia, cesan los efectos.

Veamos algunas cuestiones:

– Alimentos: Se deben alimentos sólo durante la convivencia. Antes de la modificación del proyecto, terminaba la convivencia pero los convivientes podían seguir jurídicamente vinculados y tener el deber alimentario por un año más. En ese supuesto podrían haberse reclamado alimentos. Con el proyecto sancionado como está, podrán reclamarlos sólo mientras conviven. Ahora bien, razonablemente, en el momento en que se reclaman los alimentos cesará la convivencia.

– Contribución a los gastos del hogar: Tal como esta redactado el proyecto, los convivientes tendrán una responsabilidad solidaria frente a los gastos del hogar.

Sin embargo, esta responsabilidad también cesa cuando se interrumpe la convivencia. Si en un primer período después del cese, una parte paga los gastos, por ejemplo, sigue pagando el colegio de los hijos, después no podrá reclamarlo. Podría tener derecho a reclamarlo en concepto de alimentos de los hijos, pero éstos podrían tener cabida únicamente desde que notificó a la otra parte del reclamo. ¿Cuánto tiempo esperará una persona para buscar un abogado y notificar el reclamo? Un tiempo de espera después de la separación, un tiempo destinado a una posible reconciliación, un tiempo prudente hasta ir a ver una abogado, otro tiempo hasta que el abogado pone en movimiento el reclamo. Todo ese tiempo conlleva gastos. Si en todo ese tiempo el conviviente que pagaba los gastos del hogar no los reclamó, entonces no tendrá derecho a recuperarlos. Si no se reclamaron antes, la ley supone que quien paga no necesita compensación.

Ahora bien, ¡tampoco es razonable suponer que el día que interrumpo la convivencia una parte le va a mandar a la otra una carta documento para hacer el reclamo de los gastos del hogar!

– Protección de la vivienda familiar: A primera vista parecería que ninguno de los convivientes puede, sin el asentimiento del otro, disponer de los derechos sobre la vivienda familiar. El que no prestó autorización o no dio su asentimiento, puede demandar la nulidad del acto dentro del plazo de seis meses de haber conocido el hecho. Sin embargo, el texto de la reforma exige también para demandar, que continúe la convivencia. No parecería razonable creer que alguien puede demandar a su conviviente ¿no? Dejarían de convivir y se perdería el derecho a demandar. Por otro lado, si quisiera vender el inmueble, se puede hacer cesar la convivencia y vender al día siguiente.

– Derecho hereditario: Sorpresivamente, y contra todo pronóstico, la reforma no incorpora el derecho hereditario al conviviente. De aprobarse la reforma, estaríamos parados en la misma situación que estamos ahora. Si la persona fallece y no tiene hijos, ni primos, ni tíos, ni padres, ni sobrinos, los bienes no van para la pareja, van para el Estado. La pareja conviviente sigue sin entrar en el listado de las personas con derecho sucesorio, ni como heredera sustituta. En otras palabras, pensé, al Estado no se le ocurrió ni siquiera poner al conviviente después del primo!!¡¡El primo antes de la pareja conviviente!!”

– Compensación económica: ¿Mejor tarde que nunca? En palabras de la reforma, la compensación económica viene a cubrir al conviviente que sufre un desequilibrio manifiesto que signifique un empeoramiento de su situación económica con causa en la convivencia y en su ruptura. Sin embargo, en la actualidad la mujer va de igual a igual con su pareja, más si no están casados. El rol de ama de casa puede ejercerlo una mujer casada, pero sería muy raro que lo ejerza una conviviente.

– Pactos entre convivientes: La reforma les permite celebrar pactos entre ellos que los obliguen más allá de la ley. Podrían celebrar un pacto que establezca por ejemplo, el régimen de bienes propios y gananciales, un pacto que establezca que se van a deber alimentos o que van a contribuir de determinada forma en los gastos del hogar, etc. Sin embargo, no podrían pactar que la conviviente herede, porque esto sería ir en contra de la ley y del orden público. Sin embargo, en nuestro país, aún no existe la costumbre de que las parejas pacten sus propias relaciones de familia. Si voy a firmar un pacto sobre bienes gananciales, mejor me caso, ¿no?

Llegando al final de nuestra entrevista, le consulto al Dr. Sojo su opinión general sobre la reforma en materia de uniones convivenciales y concluye “(La reforma) no da una protección pero tampoco te deja vivir libremente … ahora convivir o estar casado va a ser lo mismo, pero ninguno de los dos va a producir efectos … nos dicen que van a proteger a las uniones, pero te prohíben convivir, porque estos pocos efectos que existen, pocos pero existen, te los imponen aunque vos no quieras por el simple hecho de convivir”.

Como podrán ver, lejos está la reforma de equiparar a los convivientes con el régimen actual que poseen los cónyuges. Es indiscutible que quienes conviven y tienen un plan de vida en común, deben tener derechos y ser reconocidos como “familias”. Sin embargo, la reforma, si bien modifica algunas cuestiones, resulta insuficiente. Les otorga algunos derechos, pero escasos en el tiempo y de difícil aplicación. Supone que convivientes se demandarán mientras conviven, dos situaciones que claramente no pueden ir de la mano.¿Convivirían ustedes con alguien que los demanda?