Andreas Lubitz no podía volar el día de la tragedia por prescripción médica

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La fiscalía de Düsseldorf informó hoy que Andreas Lubitz, el copiloto señalado por estrellar presuntamente en forma voluntaria el avión de Germanwings en los Alpes franceses el martes pasado, tenía un certificado médico de baja por enfermedad que había roto y ocultado a la empresa.

El allanamiento del departamento que el joven tenía en Düsseldorf fue fundamental: los policías no encontraron una carta de despedida ni material político o religioso que pudiera sugerir un móvil terrorista, pero encontraron certificados médicos que revelan que estaba en tratamiento médico y que tenía un parte de baja para el día de la tragedia. Según la fiscalía, la policía encontró este certificado roto en pedazos.

«El hecho de que hay notas que indican que no estaba capacitado para trabajar, entre otras cosas, que se hallaron rotas, que eran recientes, e incluso del día del accidente, respalda la presunción basada en la investigación preliminar de que (…) ocultó su enfermedad a su empleador y sus colegas profesionales», explicó la fiscalía de Düsseldorf, donde vivía el copiloto y hacia donde se dirigía el vuelo estrellado.

Qué pasó. Un Airbus A320 de Germanwings que hacía la ruta Barcelona – Düsseldorf se estrelló el martes en el sur de Francia. Iban a bordo 144 pasajeros y seis integrantes de la tripulación: ninguno sobrevivió.

Los investigadores creen que Andreas Lubitz, el copiloto de ese vuelo 9525, provocó deliberadamente el choque del aparato contra una montaña, después de haberse encerrado en la cabina de mando aprovechando la ausencia del comandante.

La caja negra que registra los sonidos en cabina (CVR), encontrada los restos del avión, reveló escalofriantes detalles: por ejemplo, la respiración del copiloto, «audible y normal, lo que significa que estaba vivo hasta el momento del impacto», según precisó Brice Robin, fiscal de Marsella.

«Tras 20 minutos de un vuelo normal, el comandante anunció al copiloto que le confiaba los comandos para ausentarse un momento. En ese momento, se escucha al joven copiloto manipular los botones del sistema de monitoreo de vuelo para activar el descenso del aparato», explicó el fiscal.

Para Brice Robin, «la acción sobre el selector de altitud sólo pudo ser voluntaria». Durante los ocho minutos que duró ese descenso, la grabación permite escuchar la respiración del copiloto y los numerosos golpes del comandante para poder entrar en la cabina, bloqueada por una puerta blindada que, en los Airbus A320, se traba automáticamente, según lo establecen las normas de seguridad internacionales.

Todos los llamados del comandante quedaron sin respuesta. Lubitz tampoco respondió a las comunicaciones que lanzaron las torres de control e incluso los aviones que volaban en la misma zona. No reaccionó a las alarmas que le anunciaban la inminencia de la tragedia.

El impacto se produjo 47 minutos y 20 segundos después del despegue, a 1700 metros de altitud y a una velocidad de 700 km/h, entre los golpes desesperados del comandante que trataba de derribar la puerta y los gritos de los pasajeros que se dieron cuenta de lo que sucedía.

Agencias AFP y Reuters