El empresario que revela cómo en el 2000 le “desaparecieron” 11 millones de dólares que donó en Argentina

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Martín Varsavsky, empresario argentino de 54 años que se fue a vivir a España en 1995, sorprendió en una entrevista al diario español El País al contar cómo en el año 2000 desapareció parte de una millonaria donación que le había hecho al gobierno argentino, para el sector de la educación del país.

“Yo doné 11 millones de dólares (en el 2000) y al principio desapareció la mitad de ese dinero en bonos que el Gobierno no pagaba”, dijo Varsavsky, empresario que puso en marcha empresas como el portal ya.com o la telefónica Jazztel, a finales de los noventa, y que desde entonces, a lo largo de veinte años, ha fundado siete compañías.

En la extensa entrevista con el diario español, Varsavsky deja algunas impresiones del país.

En el año 2000 reapareció usted en su país de origen por todo lo alto con una donación de 11.282.855 dólares para hacer llegar Internet a todas las escuelas de Argentina con el proyecto Educ.ar. Pero hubo problemas de gestión con el dinero. ¿Se le quitaron las ganas de donar?

Se me quitaron las ganas de hacer cosas en Argentina. Este país es como un agujero negro del talento. Es una pena. Yo doné 11 millones de dólares y al principio desapareció la mitad de ese dinero en bonos que el Gobierno no pagaba.

El presidente Fernando de la Rúa le nombró embajador honorario ante la Unión Europea, ¿qué le dejó el roce con la política?

Lo que me pareció es que Argentina tiene muy pocas opciones de salir adelante políticamente. Sigo teniendo más confianza en que España salga adelante. Los españoles creen que viven en un país corrupto, y parte de eso es vedad, pero no conocen lo que es un país corrupto gobernado por corruptos. Yo, en España, personalmente, nunca me encontré con corrupción. Quise llevar Fon a Argentina y el primer día ya me estaban pidiendo sobornos. España tenía un foco de corrupción que era la construcción. Les daba a los políticos el derecho de decir: “Tú, sí; y tú, no”.

En un artículo que publicó usted precisamente en EL PAÍS contaba que el trauma que vivió con el asesinato de su primo David en Argentina también fue un motor para su carrera: quería demostrarles a los dictadores lo que usted valía.

Sí, totalmente. A mí la dictadura militar me puso un listón tan alto de lo que era el riesgo que todos los que enfrenté después en mi vida me parecieron menores. Yo crecí en un ambiente donde detenían a mis amigos, mataban a mi primo, una especie de guerra. No sabías si llegarías vivo a casa. Una bomba explotó a cien metros de donde vivíamos. Y, después, para colmo, nos echaron. Ganaron los malos. Todavía me falta ver a la Argentina donde ganen los buenos. Pero esos eran los peores. Por otro lado, crecí en un país desordenado e injusto, pero bastante emprendedor: el espíritu argentino es mucho más emprendedor que el español.

¿Su condición de exitoso emprendedor y millonario le ha traído problemas?

Como yo no crecí en España, me importa un pito lo que dicen los demás. No necesito cultivar mi imagen. Yo tengo mi blog, mi Twitter, mi Facebook, la gente se puede hacer una idea de quién soy. Al que le caigo bien, le caigo bien; y al que le caigo mal, le caigo mal. Lo entiendo perfectamente.

Y cuando cae mal, ¿por qué cree que cae mal?

En España, si te va bien, ya le caes mal a la mitad de la población. La otra mitad, que tiene un poco más de sentido aspiracional, dice: “Martín es bastante abierto, ¿por qué no aprendo de lo que él hizo?”. A mí me encanta vivir aquí. Pero hay más admiración por el emprendedor en Alemania o en Inglaterra.

Usted tiene una visión crítica de España.

Hay gente a la que le sienta mal porque viene a decirles lo que tienen que hacer o cómo hacerlo. Soy ciudadano español y pago mis impuestos aquí. Y sí, yo lo veo en Twitter: tengo 90.000 seguidores, la mitad son españoles; cuando me critican, me lo dicen. Yo estoy muy orgulloso de lo que hice en España, de todos los puestos de trabajo que creé. Si uno piensa cómo estaba España antes de que llegara yo y cómo está ahora. Yo creo que aporté mi granito de arena: los empleos que hay en Jazztel, en Fon, en Eolia. Cuando me critican mucho yo pregunto: “Pero tío, ¿tú qué hiciste por España?”. Vengo pagando mis impuestos y creando empleo aquí desde 1995. Eso ya es una respuesta. Yo critico por amor, desde dentro, habiendo construido aquí. Critico porque España se merece un futuro mejor.

Se encuentra a gusto en España.

Al final tengo buenísimos amigos aquí; me encanta el estilo de vida cuando no estoy trabajando. Me encuentro representando a España a menudo porque hay muy pocos españoles que van a ciertos sitios donde yo voy, no sé por qué; bueno, sí, por no hablar en inglés. Yo he hablado muy bien de Amancio Ortega, pero es increíble que no hable inglés; ni Zapatero, ni Rajoy; ni Aznar, bueno, ahora aprendió algo. Pero es una vergüenza. En España el problema no es el catalán, el vasco o el gallego, el problema es el inglés. ¡Basta de pelearse por estupideces!

Fuente: LA NACION

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