San Rafael: Una familia necesita ayuda, su vivienda se quemó y viven en un vehículo con sus hijos

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Una familia vive en la calle sin agua, sin luz y casi sin esperanzas
Piden un lugar para vivir y trabajo

La travesía de esta familia de 7 miembros, incluidos dos niños de 1 y 2 años, comenzó cuando la humilde vivienda que habitaban en Castelli y pasaje El Nevado se incendió. De ahí se fueron y estuvieron deambulando por otros lugares, entre ellos el paraje Los Claveles, hasta que, finalmente, se instalaron en un predio vacío de Almirante Brown y San Luis. Hugo Fernández Rodríguez y su familia sólo tienen este vehículo donde duermen todos, algunos utensilios domésticos y… sólo eso.

“Hace 10 días que vivimos en la calle; nos habíamos ubicado en este terreno de enfrente, pero vino el dueño con una orden judicial y en dos horas nos desalojaron”, dice el hombre, con la voz entrecortada.

Puede verse el brillo de sus ojos que se resisten a llorar. “Los vecinos nos ayudan, uno nos da agua, otro algo de comer, pero ni siquiera puedo ir a cosechar berros (que es lo que vendía en las calles del centro) porque también se me rompió la bicicleta”, manifestó con esa parsimonia que es parecida a la resignación. Y agregó: “para ir al baño, vamos a una casa en construcción, pero no tiene agua”. Para cocinar, usan leña. Así se ve el par de cacerolas que tienen, pintadas con el negro del humo.

Se percibe en el aire la profundidad de la pobreza, no hay que ser un experto para entender que la situación no es fácil de solucionar. Dice que, como jefe de familia, como el hombre que tiene que alimentar a los suyos y no puede, “me hace sentir muy mal, ninguno de nosotros tiene trabajo y lo único que pido es que alguien nos dé una finca para cuidar”.

Relata que algunas personas se han acercado para darles algo de comer y les preguntan cómo pueden ayudarlos, pero se le quiebra el relato y sale con un “ya no sé dónde ir, hasta las palabras se me han terminado”.

Afirma que todo en la vida le ha costado mucho y que cuando era más joven pensaba que el futuro sería distinto. Sin embargo, los 51 años “me han encontrado viviendo al desamparo”, dice, y se pasa las manos sobre los ojos.

La sorpresa de la lluvia de las últimas horas del miércoles, que puede ser un beneficio para muchos, a ellos les quebró la noche, no los dejó dormir por el miedo de que en el interior del pequeño vehículo pudiera filtrarse el agua.

La mañana de ayer lo encontró secando algunas ropas bajo un sol indeciso. Un par de teros pasaron gritando y la mirada se le fugó tras los pájaros. La charla terminó cuando dijo: “Ellos quieren agua, yo quiero un lugar para vivir”.

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