Berreta: Nuestra marca en el orillo

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Por: Jose Luis Bonomi

En la Argentina siempre nos creímos los más “vivos” de Latinoamérica, quizás nos circunscribíamos a esta región porque, mal que nos pese, Europa no hace tanto que descubrió que Río de Janeiro no era la capital de nuestro país.

Bueno, resulta que los “boludos” de los “brazucas”, los “chilotes”, los “paraguas”, los “yoruguas” y los “bolitas” nos vienen pisando, y no los talones, eso es cuando venían detrás nuestro, a estas alturas, ya nos han pisado la cabeza y de diferentes formas.

Iré desgajando sólo algunos tópicos para evitar irme en extensión en esta nota. Ahí vamos.

Brasil ha desarrollado una industria que bien podría ser nuestra envidia. Lo es. Pero nos quedamos sólo en eso. Nada de copiar buenos modelos, nosotros somos los más capitos.

Chile ha estabilizado su mercado y posición en el mundo con productos que ni siquiera le son propios en muchos casos.

Paraguay, bueno, es un desastre, pero al igual que Bolivia ha conseguido erradicar parte de su problemática social poniéndola a nuestro cargo ante la falta de políticas de inmigración serias o la falta de aplicación de las mismas si éstas existieran. Ellos generan vientres y nosotros los pagamos de por vida.

Uruguay, tantas veces adjudicado por nosotros como una provincia más, ha definido su rol de Estado como un prestador de servicios, bancarios, financieros, turísticos, etc. Son austeros, perfil bajo y viven mucho mejor que nosotros. Pero sobre todo, sin sobresaltos desde hace décadas.

Y ahora tocaría enumerar más o menos lo mismo pero entrando de lleno en nuestra idiosincrasia, la que nos demuestra lo berretas que somos como sociedad.

Antes que nada dejemos en claro los que berreta nos indica: Berreta: (pop. y lunf.) Adulterado, cosa falsificada con apariencia de legítima, falso/ cosa u objeto de poca calidad, chafalonía, ordinario.

Aclarado este punto hilaremos el porqué nuestra sociedad da el do de pecho a la hora de adquirír este calificativo.

Nuestros sucesivos gobiernos han sido los precursores de que nuestro país adquiera esta particularidad porque han sido los principales y mayores cultores del berretismo ilustrado. ¿Por qué ilustrado? Simple, muchos doctores, licenciados, ingenieros, etc. etc. pero pocas nueces. Una manga de improvisados con tendencia clara al negocio espurio de lo propio avasallando lo público, en pocas palabas… todos ladrones, o rodeados de ellos, o anuentes a que los ladrones sobrevivan y pululen en las esferas de decisión de los diversos estamentos del Estado Nacional y peor aún cerca de las arcas donde se guardaba la guita… ¿Resultado? Somos un país riquísimo, pero lleno de pobres, excepto los recién mencionados.

Y lean lo que les voy a decir. Pero léanlo bien.

No son éstos los culpables, Éstos sólo son una muestra de nuestra marca de origen, de nuestra insana simiente, nuestro ADN, nuestra proyección social y mandataria, nuestro cuadro de Dorian Grey, nuestro espejo.

Repasemos ahora por espacios societarios.

Políticos y advenedizos a los políticos: Si el jefe no trabaja… ¿por qué hacerlo yo?, Si el jefe roba… ¿por qué no hacerlo yo? Si el jefe labura… ¿para qué hacerlo yo? La vida es tan corta…

Militantes:
Uffff que sub raza!!! Promueven, gritan, vociferan proyectos que no conocen en demasía, a los cuales no le han brindado más análisis que lo que el compañerocamaradacorreligionario jefe les contó, ¿lo habrá leído éste? Obviamente no, ¿para qué? Si lo dijo fulanito de tal… debe ser cierto.
Estimados militantes de cualquier color. Infórmense qué carajo militan, en este país yo he sido increpado por un morocho aindiado a unirme a las filas del nazismo; he visto a un judío tener una svástica colgada del cuello y a un muerto de hambre aplaudir a rabiar a una presidente colmada de joyas y opulencia al grito de nac & pop.

Opinólogos varios:
Mayormente opinadores de muro de redes sociales, en los cuales, lo único que hacen es repetir consignas ajenas, a las cuales le agregan con un tono circunspecto y pretendidamente entendido, alguna frase robada de autor famoso que les cuadra, o un ja ja ja despectivo o caritas de diversa índole. Nunca, pero nunca, los encontrarán adosando algún comentario medianamente inteligente de hechura propia, que surja del conocimiento cabal del tema que critican o elogian. Para eso hay que analizar, pensar y después opinar. Ni pidamos siquiera que esa opinión sea acertada o basada en la lectura de hechos ciertos. Cosa difícil de encontrar en un país que es manejado informativamente por agencias de noticias que se desviven por lograr quien editorializa la mentira más grande, a favor o en contra, ya sea de gobiernos, empresas o lo que fuere. Clarín miente, 678 y Tiempo Argentino también por poner un ejemplo.

Ciudadano común:
Esta es la masa votante. No sabe aún de que va la cosa, preocupado si gana más o menos bien, de no perder su espacio económico; y si ganas de mal en peor de ver como lo mejora o sobrevive al aguacero. No le interesa demasiado, casi nada diría. Hoy lo podemos ver militando blanco, pero si lo seduce la marcha contraria con verde esmeralda (que es el color de la esperanza) puede irse detrás de ella sin demasiado conflicto interno, ni de intereses.
Seducible y claramente tendencioso a dejarse seducir, este ser, transmuta, vuelve a su ¿eje?, se despide y vuelve sin demasiado convencimiento o carencia del mismo.
Este es el berreta por excelencia. Es el que está dispuesto a todo, a ser o negarlo en fracciones de segundo, a criticar o elogiar sin patrocinio o idea de su hacer. Es la encarnación del tibio, el máximo exponente del “pechofriísmo” argento. Su forma de medición de los diversos “estados” de la realidad pasa por su ombligo, mientras que a éste no le falte la pelusa que corresponde, todo lo demás le chupa literalmente un huevo. Putea si está rodeado de puteadores, elogia si está rodeado de serviles. Todo le sirve. Nada lo conmueve. Y es claro y notorio que sin interés y participación y compromiso, nada se soluciona. Querer ser ciudadano siendo apenas un habitante es una falacia.

Nuestra sociedad sin duda alguna se fundó sobre estamentos en los cuales las discrepancias eran más estridentes que el llamado a unión. Hemos sucesivamente ahondado las mismas al grado de ser un país que aún seguimos mirando los 70´s sin poder ver el presente y ni por asomo vislumbrar un futuro. Eso no hace berretas.

Nos la pasamos hablando de lo que fuimos y de los que pudimos ser, de lo que supuestamente nos mereceríamos ser debido a nuestro potencial, porque somos flacos, altos, bonitos y súper inteligentes. Ya está gente, dejémonos de pavadas, somos enanos mentales con la visión de un pichi ciego y al igual que éste nos deslumbrados con el menor brillo. Somos obtusos, necios y arrogantes, somos mezquinos y egoístas. Somos destructivos con cualquier proyecto que haya sido presentado por alguien ajeno a nuestra grey, sea gobierno u oposición. Eso nos convierte en idiotas ocupando un espacio en el planeta.

Argentina es rica, riquísima.

Nosotros somos pobres, Patéticos. Berretas.

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