Primer superclásico de verano: dos caras de la realidad

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El fin de semana más convocante de la temporada turística tiene como principal atracción al primer superclásico del año. Lo jugarán el aplomado River y el inestable Boca frente a 40 mil personas, que agotaron las entradas. De un lado, Marcelo Gallardo pondrá a su equipo de gala, y hasta podría incluir al flamante refuerzo, Gonzalo Martínez, en el banco de suplentes. Lo hará para aceitar esa maquinita que tan bien jugó al fútbol en el último semestre y, de paso, tratar de embarrarle aún más la pretemporada a su rival de siempre, que lleva ocho superclásicos sin poder ganarle. Una derrota xeneize minaría la autoestima de sus jugadores de cara al partido que realmente le importa a su técnico, Rodolfo Arruabarrena : el que Boca jugará el próximo miércoles en esta misma ciudad con Vélez, por el repechaje de la Libertadores.

Los jugadores xeneizes entrarán en la cancha sabiendo que su DT los considera segundas opciones. El partido de hoy -en caso de empate habrá penales- es una piedra en el zapato para la planificación del Vasco, que desde hace un mes tiene en el horizonte a Vélez. Arruabarrena sabe que ese encuentro es vital, tanto en lo deportivo como en lo institucional. Y por eso reservaron a sus mejores hombres, que hoy verán a sus compañeros por TV.

La decisión puede costarle carísima a Boca. Una derrota tan humillante como la sufrida ante Racing en el primer partido disputado en esta ciudad tendría una cadena de repercusiones. Por un lado, la temperatura del hincha, que en el último semestre no hizo sino sufrir con las vueltas olímpicas de los rivales, subiría aún más. Los dirigentes se verían obligados a romper la alcancía y contrastar la bronca de los simpatizantes con apellidos que generen ilusión. “La plata que hay en caja vamos a utilizarla para traer a un creativo”, anticipó el presidente, Daniel Angelici, en Radio América.

¿Sería una eventual derrota ante River el revulsivo para que aceleren a fondo por Bryan Ruiz y el costarricense de Fulham se calce la camiseta azul y oro? ¿O para que Angelici se ponga de acuerdo con Eduardo Spinosa, su par de Banfield, en la cotización de Nicolás Tagliafico, el favorito de Arruabarrena para ocupar el lateral izquierdo? La caída con Racing tuvo un correlato instantáneo en el mercado de pases: de un saque, la dirigencia concretó los arribos de Peruzzi, Monzón (ambos de Catania) y de Torsiglieri (del Metalist, de Ucrania). Casi, casi, una defensa entera.

River, en cambio, tomará el partido como la ocasión perfecta para sumar millas de vuelo futbolístico. Retomará Jonatan Maidana a la defensa y reemplazará a uno de los mejores jugadores de esta preparación veraniega: Germán Pezzella. Gallardo apuesta por la defensa top, conformada por Mercado, Maidana, Funes Mori y Vangioni. Gallardo, en realidad, apuesta por seguir ganándole a Boca. A tal punto quiere el Muñeco disfrutar de una victoria que también anuncia a Teófilo Gutiérrez y Rodrigo Mora (recuperado de una sobrecarga muscular) en la delantera, abastecidos por el pensante Leonardo Pisculichi.

Los futbolistas de Boca tendrán la presión. Hacia afuera, porque querrán dejar a un lado el antecedente del partido con Racing y porque buscarán vengar la historia reciente, en la que River se hace fuerte y lleva ocho partidos sin derrotas. Hacia adentro, porque jugarán para ser figuras y demostrarle al DT que pueden tener su chance en el trascendental juego con Vélez. River, en cambio, llega tranquilo. Si bien todavía no mostró la frescura y la contundencia que supo exhibir en 2014, tuvo una preparación mucho más serena que su rival. Consiguió los refuerzos que su entrenador quería (además de Martínez, también llegaron Aimar y el uruguayo Camilo Mayada, procedente de Danubio) y, salvo algún pequeño cortocircuito entre su DT y los dirigentes, la pretemporada transcurrió sin problemas ni contratiempos. En armonía.

Boca buscará un triunfo que lo saque del sensacionalismo y borre la instantánea de la patada de Marín a Centurión, símbolo de un arranque nervioso y a mil revoluciones. Para eso necesitará de las corridas del prometedor Pavón y las gambetas de Federico Carrizo. También, del panorama de Andrés Cubas. Pero, sobre todo, Boca necesitará del mejor Gigliotti. El número 9 simboliza al equipo que pondrá el Vasco para enfrentar a River. Once jugadores que buscarán volver a ser. La oportunidad es inmejorable. Enfrente estarán el rival de toda la vida y un estadio colmado.

Un escenario blindado por la amenaza de las barras
MAR DEL PLATA (De un enviado especial).- La seguridad bonaerense blindará el estadio José María Minella para evitar disturbios en el partido más importante del verano. Sólo en la cancha habrá 1000 efectivos policiales, distribuidos en las tribunas y los accesos. Además, en las esquinas importantes de la ciudad estarán apostados otros 400 hombres de seguridad. Está previsto que la barra brava de Boca parta de Casa Amarilla bien temprano y se la retenga en Parque Camet hasta la hora del partido. Los Borrachos del Tablón, en cambio, saldrán de Buenos Aires pasado el mediodía y apenas arriben a esta ciudad serán escoltados hasta el estadio. La principal fuente de preocupación de los funcionarios es la presencia de la barra disidente de River. Ayer reinaba la calma y todos estaban convencidos de que ningún grupo intentará enfrentarse. En el para avalanchas millonario estará sólo la facción oficial; en el xeneize, la nueva 12, que ahora lideran juntos Rafael Di Zeo y Mauro Martín. La venta de todas las localidades disponibles (cerca de 40 mil) hizo que los organizadores dispusieran la transmisión del partido en directo también para Mar del Plata y zonas cercanas.

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