¿Sí o no al sexo de reconciliación?

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La escena es harto conocida: ¿cuántas veces te peleás con tu pareja, discutís durante todo el día y, cuando llega la hora de acostarse, los dos encuentran en las sábanas tibias la oportunidad de dejar atrás los desacuerdos y recomponer la armonía? Seguramente te haya pasado. Usar el sexo como un medio para diluir tensiones de otra índole es común en muchos vínculos. Pero, para empezar, definamos “reconciliación”: según el diccionario, es el restablecimiento de la unión y la amistad entre las partes enemistadas. En este particular caso, los enemistados serían dos. Pero el problema a discutir es otro y tiene que ver con cuánto dura esa sensación grata, para volver a caer en la situación anterior al encuentro sexual y transformar ese clima en otra discusión o pelea.

¿QUÉ SE ESCONDE DETRÁS DEL SEXO RECONCILIATORIO?

“Jamás hay que irse a dormir enojados”, es lo que suelen recomendar. No hay que confundirse; luego de pelear, lo peor es enmudecer y sumar la cama como el próximo escenario de la batalla. En el fondo, el sexo no hace otra cosa que “enmascarar” y agravar los conflictos. Porque la sensación de alivio se desvanece rápidamente y los problemas, en algunos casos, llegan a ponerse peor. Imaginalo así: es como “barrer la mugre debajo de la alfombra”.

Esta conducta suele ser muchas veces adictiva y nos impide generar acciones adultas y resolutivas de los conflictos que cotidianamente pueden aparecer en la vida de cualquier pareja. Cuando identifiques que en tu pareja está pasando esto, ¡cuidado!, porque es una actitud espantosamente equivocada. Tan tóxica puede volverse la costumbre de intentar solucionar todo en la cama que el principal consejo sería abstenerse. Porque corrés el riesgo de convertir esta práctica en un modus operandi de la pareja para tener intimidad sexual.

HACIA LA COMUNICACIÓN VERDADERA

Empezá por ser honesta. No solo con vos misma, sino también con el otro. Intentá exponer blanco sobre negro los conflictos -antiguos y actuales- para resolverlos, o llegar a acuerdos en los desacuerdos, y aprender a convivir en un vínculo estrictamente democrático. La mejor reconciliación se logra con comunicación eficiente, honestidad y deseo de escuchar al otro.

Identificá qué sentimiento prima en el encuentro sexual. Cada vez que una pareja sana tiene sexo, hay una mezcla enorme de emociones y sensaciones. Es importante aprender a ocuparse de cada una de ellas e identificar cuando la relación se tiñe con cosas que se arrastran del día. De otro modo, la pareja entra en zona de peligro.

Contá hasta cinco antes de hablar. No digas lo primero que pensás; contené el impulso de gritar o insultar, porque lo único que hace es avivar la violencia del momento. La mayoría de las veces, el grito se utiliza cuando faltan las auténticas razones. Si admitís frente al otro algo de responsabilidad en la discusión, se va a desarmar un poco y seguramente habrá una conducta recíproca. Entonces, los dos bajarán los decibeles y todo se podrá aclarar en un ámbito mucho más cordial. Discutir no es malo si se hace bien.

Hacé un paréntesis. Aunque sea difícil, pueden acordar poner el conflicto entre paréntesis por un rato y actuar sin sentimientos previos, para tener un encuentro sexual intenso, sentido y disfrutable. Es importante que se lo expliques a él, porque para los varones es más fácil usar la sexualidad como descarga de tensiones. De hecho, hay quienes dicen que el sexo de reconciliación se disfruta más.

Pero tengamos en cuenta que sentir placer -y darlo- con quien te acabás de pelear es sumamente estresante y dañino. Revisemos estas conductas, para respetarse cada vez más.

 

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