La mamá de Paula Toledo estuvo en el programa de Ricardo Canaletti en “Cámara del Crimen” que emite TN

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El periodista policial de TN Ricardo Canaletti, realizó su programa “Cámara del Crimen” en base al crimen de Paula Toledo, ocurrido el 31 de octubre de 2003, que aún continua impune. Estuvo en vivo Nury Ribotta, mamá de Paula. El periodista criticó duramente la justicia mendocina.

Una entrevista que llegó hasta lo más profundo del alma de todos los televidentes, donde Nury pide justicia por la muerte de su hija.

1. El crimen: alevoso, irreconciliable

Silvia Noelia Paula Toledo era joven y bella. Le llamaban cariñosamente “Poli”, y tenía apenas 19 años. Cursaba estudios en el Polivalente de Arte, porque le gustaba dibujar y pintar; un compañero suyo, Sergio Vergara, aún recuerda con afecto y dolor los “dibujos de duendes” que ella hacía. Solía guardar flores entre las páginas de un libro, y cuando llovía “le gustaba que el agua la mojara, le gustaba la naturaleza”.

En la noche del jueves 30 de octubre de 2003 Poli estaba preparando unos trabajos para el colegio, que debía presentar al día siguiente, cuando alguien conocido llamó a la puerta de su casa, del barrio El Sosneado. Su familia dormía; de modo que salió sin hacer ruido, dejando la puerta entreabierta, como pensando en regresar en un rato a terminar la tarea.

Vestía el buzo gris de la escuela, pantalón joggin, campera y zapatillas. Caminaron juntos unas cinco cuadras por la calle Los Filtros hasta llegar a El Jacarandá, donde había una casa abandonada, en cuyos fondos se solían juntar los muchachos del barrio a tomar cerveza y fumarse un porro. Tal vez ése haya sido el anzuelo: “vení, relajate un poco,  y después seguís con la tarea”. O tal vez no. El caso es que Poli decidió ir allí junto a su acompañante.

Lo que sucedió luego en los fondos de esa casa abandonada, ya en la madrugada del viernes 31, fue una espantosa y atroz pesadilla. En la finca había otros hombres, que incitaron a Poli a tener sexo con ellos. Y por el estado en quedó su cadáver, se hace evidente que ella se negó.

Para doblegarla, fue necesario que le golpearan en la cabeza con una botella de cerveza y le cortajearan todo el rostro con fragmentos de vidrio, dejándola ensangrentada; a tal punto, que después iba a resultar difícil su identificación. Luego se divirtieron torturándola con quemaduras de cigarrillos en el cuerpo. Y así, sometida a un estado total de postración, procedieron a violarla uno tras otro. Según la autopsia, la muerte se produjo cuando uno de los hombres la estaba sometiendo de manera anal, al mismo tiempo en que gozaba oprimiéndole fuertemente el cuello.

Esto le provocó a Poli una aguda asfixia, que derivó en una reacción de parte de su sistema nervioso (el llamado “parasimpático”), la cual se tradujo en una disminución de su frecuencia cardíaca, que fue decreciendo hasta su total extinción. A esto se le llama, en la jerga forense, “muerte por inhibición”.

Es evidente que los autores de este incalificable hecho no habían planeado el deceso de su víctima; para ellos, se trataría apenas de una “fiestita”, para la cual no necesitaban contar con el asentimiento de la víctima, bastando solamente con el simple uso de la fuerza bruta. Pero no contaron con la desesperada resistencia de Poli.

Una vez que se dieron cuenta de que su víctima había muerto —o de que se habían “mandado un moco”, como surge del expediente judicial— decidieron deshacerse del cadáver, y juramentarse que ninguno de ellos habían estado allí esa noche. Acto seguido, la arrastraron por más de 300 metros hasta la acequia de la calle Victorino de la Plaza, donde la dejaron ensangrentada, “semidesnuda, boca abajo, rodeada tanto de basuras diversas como bolsas”.

En la mañana del viernes, un vecino que concurría a su trabajo vio la macabra escena y llamó a la policía; y fue así entonces, cuando comenzó lo que sería la segunda violación de Paula Toledo.

2. La investigación policial, o sumario de instrucción

Hacia las diez de la mañana del 31 de octubre, la policía llegó al lugar de los hechos; no le fue difícil dar con la casa abandonada, ni con los nombres de cinco sospechosos, quienes a las pocas horas eran detenidos: “Poroto” (Víctor David Echegaray, entonces de 17 años); “Ñaca Ñaca” (Alejandro Matías Echegaray, hermano del anterior, 16 años); “Brusqui” (Andrés Rubén Maravilla, 27 años); “Colita” (Iván Andrés Gauna, 16 años); y Marcos Federico Grain, también menor de edad, éste último —siempre según los recortes periodísticos— hijo de un guardiacárcel.

En los fondos de la casa abandonada se hallaron restos de una botella de cerveza rota, encendedores tirados, cantidad de colillas de cigarrillos, y una gran mancha de sangre sobre la tierra. No obstante, las crónicas periodísticas consignan que no se recogieron muestras de ese valioso material testimonial.

Peor aún fue la actuación del doctor Francisco Talío, del Cuerpo Médico Forense, quien descartó los restos de sangre y semen hallados en el cuerpo de Poli, tirando los hisopos a la basura por “no estar en condiciones”. Otra crónica afirma incluso, que el médico “manguereó el cadáver con la excusa de estar muy sucio”, antes de ordenar su entierro.No era la primera irregularidad cometida por el facultativo; el año anterior había firmado el certificado de defunción de un hombre que estaba vivo

Los cinco detenidos fueron liberados por el juez subrogante (suplente) del Primer Juzgado de Instrucción. Cuando el titular se reintegró sus funciones, ordenó nuevamente la captura de los imputados; pero uno de ellos —Grain— se había fugado, no siendo hallado hasta diciembre de 2007.

De esta manera, se consumaba la segunda violación de Paula Toledo.

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3. El primer juicio

En mayo de 2006 —dos años y medio después del asesinato— se celebró el juicio oral y público contra los cuatro imputados restantes, bajo la carátula “Abuso sexual con acceso carnal seguido de muerte”. Tras un peregrinar de testigos, afirmaciones y contradicciones, se determinó que todos ellos habían estado en algún momento de la noche en la escena del crimen; no obstante, al faltar las pruebas descartadas por la impericia con que se llevó la instrucción, los jueces de la Primera Cámara del Crimen de San Rafael (Domingo Mauricio, Mario Giambastiani y Eduardo Orozco) sobreseyeron a Maravilla de culpa y cargo, y absolvieron a los hermanos Echegaray y a Gauna, en función del “beneficio de la duda”.

En los fundamentos de la sentencia, eso sí, los magistrados dejaron constancia de lo mal que se procedió en la etapa de instrucción, y culparon al doctor Talío por su negligente accionar. No obstante, ninguno de los responsables de haber destruido o ignorado pruebas fueron sancionados.

Y esto configuró la tercera violación de Paula Toledo.

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4. Segundo juicio

El abogado de la familia de Poli, Arturo Jury, apeló la sentencia; y consiguió que la Suprema Corte de Justicia de Mendoza anulara el primer juicio, y ordenara celebrar uno nuevo.

Entretanto, Marcos Grain permanecía escondido en Misiones. Pero a los pocos meses de ser capturado, la Segunda Cámara del Crimen de San Rafael —compuesta por Aroldo Gorri, Raúl Rodríguez y Jorge Yapur— lo sobreseyó de la causa decretando su libertad, por no haber “pruebas suficientes” para incriminarlo.Nuevamente Jury apeló a la Suprema Corte, y el fugitivo fue reencarcelado.

Para esta segunda vista, la querella presentó como prueba la ropa que vestía Poli al momento de ser asesinada, y solicitó se le efectuara un análisis forense, consistente en estudios de ADN sobre “los tejidos espermáticos y pelos” adheridos a la misma; pero debido a la mala experiencia con el doctor Talío, pidió que se llevara a cabo en la ciudad de Mendoza.

Sin embargo, un mes antes de iniciarse el juicio, se descubrió que el buzo, el pantalón, la campera y las zapatillas de Poli habían sido “donadas” al Cotolengo de Rama Caída, sin previo aviso a la familia de la víctima, que tenía derecho a que se les devolvieran esas prendas.

El acto administrativo estaba viciado, además, por el hecho de que esa evidencia no podía darse de baja antes de la terminación completa del proceso judicial. Quién ordenó esa medida, y por qué, continúa siendo un misterio, que a ningún magistrado le ha interesado resolver.

En agosto de 2011 comenzó el segundo juicio; pero el Poder Judicial tenía otras sorpresas preparadas para la angustiada familia Toledo. La primera de ellas, que los cuatro absueltos en el primer juicio no volverían a ser juzgados, en virtud del principio jurídico que establece que una persona no puede ser juzgada dos veces por el mismo delito. La querella argumentó, con precisión jurídica, que este principio no era aplicable al caso, dado que el primer juicio fue anulado sin sentencia firme, motivo por el cual todas las actuaciones quedaban invalidadas. No obstante, esa posición fue desestimada por el tribunal.

De esa manera, el único procesado en este juicio fue Marcos Grain, sindicado como el entregador de Poli, aquel hombre que pasó a buscarla por la casa para llevarla a su destino fatal. Su defensa fue asumida por el abogado Zuliman Bittar.

Grain se declaró inocente. Declaró conocer a Poli desde un mes y medio antes de su muerte, y haber mantenido relaciones sexuales con ella “una vez en mi casa y otra en la casa abandonada”. Manifestó que esa noche la había pasado en su domicilio, y que se enteró del crimen al día siguiente, “por uno de los Echegaray” quien le dijo “que se habían mandado un moco y que se les había ido la mano”. No obstante, se contradijo al afirmar también que se había enterado cuando el hermano de Poli fue a preguntarle si ella tenía puesto el “buzo gris con letras” del colegio.

Nuevos testigos brindaron sus declaraciones, muchos de ellos contradiciendo lo afirmado por otros. No obstante, en la maraña de mentiras y verdades a medias, los cinco nombres volvieron a figurar una y otra vez, vinculados al crimen. Entre estos testimonios destacó el de Cristian Torres, quien señaló —en ambos juicios— a los autores.

A pesar de todo ello, el Tribunal Penal de Menores —integrado por Isidro Peña, Ariel Hernández y Rodolfo Luque— falló absolviendo a Grain, como en el caso anterior, “por el beneficio de la duda”. Incluso el fiscal Norberto Jamsech decidió no pedir pena para el acusado, por no haber pruebas suficientes para determinar si participó de la violación, y pese a haber admitido que Grain había sido el “entregador” de Poli.

Y así se consumó la cuarta violación de Paula Toledo.

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5. Sombras, nada más

Desde entonces, y a pesar de las marchas efectuadas por familiares y amigos de Poli, y del dolor sin fin de su madre, quedó establecida la impunidad absoluta sobre el crimen. En 2012, la Municipalidad de San Rafael impuso el nombre de “Paula Toledo” a una calle y una plaza de El Sosneado.

Según el padrón electoral 2015, “Poroto” Echegaray tiene domicilio en Mar del Plata; su hermano “Ñaca-Ñaca”, lo ha fijado en Agrelo, Luján de Cuyo; “Brusqui” Maravilla sigue domiciliado a pocas cuadras de la escena del crimen; y “Colita” Gauna continúa en San Rafael.

En marzo de 2010 el juez Domingo Mauricio se jubiló con el 82% móvil, beneficio del cual no goza la aplastante mayoría de los ciudadanos argentinos. En tiempos de la última dictadura militar había sido fiscal correccional; en ese puesto vio cómo el policía Hugo Trentini secuestraba a su empleado Sergio Chaki, y lo hacía desaparecer en el centro clandestino montado en los subsuelos de Tribunales. Chaki sobrevivió, y pudo declarar años después que ningún miembro del Poder Judicial hizo nada en favor de los desaparecidos. Mauricio recibió en su oficina graves denuncias por violaciones a los derechos humanos, entre ellas el caso de Rosa Sonia Luna; pero el prudente funcionario, después de efectuar algunas averiguaciones, prefirió no intervenir más.Hoy, Luna permanece como desaparecida. En septiembre de 2010 Mauricio recibió una distinción del Colegio Público de Abogados y Procuradores, otorgada a “personas del derecho que se han destacado y que son dignos de imitar por el resto de la sociedad”.

El juez Ariel Hernández presidió hasta mayo de 2015 la Asociación de Magistrados de Mendoza. En marzo de este año, como panelista del simposio “Hacia una Justicia comprometida con la protección de los Derechos Humanos”, Hernández sostuvo que “hay que garantizar el acceso de todos los habitantes a la Justicia”.

A principios de octubre de este año Hernández, junto a su par Rodolfo Luque, tuvieron a su cargo un novelesco caso que involucró como víctima a Zuliman Bittar, quien fuera abogado defensor de Marcos Grain. Un médico amigo le había recetado una medicación que casi lo lleva a la tumba, en una causa donde no faltó el condimento de un supuesto triángulo amoroso entre el médico, el abogado y la esposa de éste. Cuando Hernández y Luque absolvieron al médico, Bittar se quejó del “Juzgado de Instrucción que llevó adelante la causa”, pues tras “una demora de dos años para tomar la indagatoria”, prescribió el plazo para una condena por mala praxis.Además de este trago amargo, Bittar padeció en 2013 el robo de su vivienda, de la cual fueron sustraidas pertenencias por valor de 70.000 pesos.

El caso de Paula Toledo revela que el sistema judicial ha fracasado. No se puede hablar de Justicia, porque no la hubo; sí, de la intervención de un Poder Judicial que no ha ejercido la igualdad ante la ley a la cual Poli —como todo ciudadano— tenía derecho.

Fuente: Mdz (historia del crimen)

 

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