Maduro subsidia casa y comida con un polémico “Carnet de la Patria”

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Una casa y comida subsidiadas son las nuevas promesas del gobierno venezolano. Ahora, a través del reciente lanzamiento del llamado “Carnet de la Patria”, busca sofocar un clima general de hartazgo y enfado mediante una tarjeta electrónica que será requisito para beneficiarse de los programas sociales estatales. Los críticos al régimen del presidente Nicolás Maduro señalaron que el carnet funciona como un moderno mecanismo de control social.

Según Maduro, este sistema provocará “una profunda revolución” y servirá para reorganizar los programas de vivienda y el funcionamiento de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), grupos comunales que distribuyen bolsas de comida, a precios bajos, en zonas populares. “Va a ayudar mucho al pueblo. Estoy en situación de calle y espero por un apartamento o algo habitable”, dijo Tony Hernández, quien a sus 45 años está terminando la secundaria con un programa de estudio que promueve el gobierno.

Tony duerme en parques públicos, la orilla de portones o donde pueda, y pone su esperanza en una de las banderas del chavismo: la “Misión Vivienda”. Creado en 2011 para construir departamentos y casas, ese programa, de acuerdo con Maduro, entregó 1.400.000 viviendas, cifra que opositores y especialistas pusieron en duda. Según organismos privados, un 75% de la población vive en la pobreza y sufre agobiantes problemas de escasez de alimentos y medicinas. De acuerdo con el Banco Central y cámaras privadas, el desabastecimiento afecta a más de la mitad de los productos de la canasta familiar.

En las filas de la Plaza Bolívar de Caracas, Tony estaba rodeado de gente que pedía ayuda al gobierno, con una inflación que el FMI proyecta en 1.660% para este año. La crisis es social, económica y también golpea la popularidad de Maduro, cuya gestión -indican encuestas- es rechazada por ocho de cada diez venezolanos. Sin embargo, Maduro confía en que los venezolanos valorarán estas iniciativas, aunque muchos se quejen de que las bolsas no alcanzan para todo el mes y lleguen irregularmente.

“Fui a buscar el carnet porque soy chavista y madurista”, dijo María Durán, residente de la barriada del 23 de Enero, al oeste de Caracas. “Soy chavista y quiero tener mi carnet para tener muchos beneficios y así poder avanzar en la revolución”, afirmó Teresa Montilla, ama de casa de 64 años que esperó seis horas en la fila para obtener la credencial.

A pesar de la alegría de algunos venezolanos, los nuevos carnets desataron la polémica. La psicóloga social Colette Capriles los considera un “mecanismo de control” y piensa que Maduro hace a la ciudadanía dependiente del Estado para abortar cualquier intento de sacarlo del poder. “Una vieja máxima es que debes tener a las personas en estado de necesidad, pero no tanto como para que sean una amenaza”, señaló Capriles.

Para la analista, el registro puede ser usado “con fines electorales” en un momento en el que el clima social es delicado. Por su parte, Jorge Rodríguez, alcalde de Libertador y figura del chavismo, dijo que el carnet es “el proceso de organización más importante que ha tenido la revolución en los últimos 10 años”.

En medio de la pugna política, con un diálogo político suspendido y una fuerte crisis institucional -con un Parlamento de mayoría opositora y el resto de poderes acusados de servir al chavismo-, la crisis económica campea. No solo los venezolanos con más necesidades buscan acceder al beneficio. Una mujer de clase media -estamento mayoritariamente antichavista- conversaba con otra en Chacao, zona acomodada del este de Caracas y le decía: “Voy a ir a sacar el carnet, porque estamos en crisis y hay que aprovechar lo que nos den”.

Maduro aseguró que “todo el mundo tiene que sacarse el Carnet de la Patria”, porque ayudará a combatir la corrupción. “Esto nos va a permitir capturar a estafadores que hay por ahí. Yo lo sé todo. Soy como Superman: veo entre las paredes”, aseveró, refiriéndose a denuncias sobre personas que se hacen pasar por miembros de los CLAP y cobran por unas bolsas que nunca entregan.

La oposición criticó que los planes sociales se desarrollen sin adecuados procesos de control y auditoría. Además, dirigentes opositores como Henrique Capriles tildó el programa como “un chantaje”. “El futuro no puede ser una bolsa de comida. El futuro es tener un buen trabajo”, expresó.

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