Prevén más de US$ 13.000 millones de inversiones norteamericanas en el país hasta 2019

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Los números están desgranados en una tabla de Excel de diseño básico. Negro sobre blanco. Menciona 14 sectores, más un generalista “otras industrias” y llega a un total que suena a mucho, por tratarse de millones de dólares: 13.763. Son las inversiones que, se prevé, podría hacer en nuestro país Estados Unidos hasta fines de 2019. Para tener un parámetro, entre 2016 y 2017 rondaron los 2.400 millones de la misma moneda.

La cifra la revela el titular de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AMCHAM), Alejandro Díaz, en Washington, en una presentación para distintos medios. El encuentro es en uno de los salones de la poderosa US Chamber of Commerce, la Cámara de Comercio de Estados Unidos, que representa a 3 millones de empresas norteamericanas. ¿Más comparaciones? AMCHAM aglutina a 622 socios.

Dentro de la tabla que entusiasma a Díaz, el grueso (y por eso figura primera) se lo lleva la petroquímica. Se calcula que firmas de Estados Unidos de ese sector se llevarían más de 9.000 de los 13.763 millones de dólares proyectados. La sigue el rubro automotriz con 1.000 millones e infraestructura con 900 millones.

“El promedio de inversión extranjera privada en la Argentina fue de 7.700 millones de dólares por año en la última década, pero más la mitad era por dividendos que no se podían girar al exterior”, agrega Díaz, mientras se abriga con el saco. Aunque en la calle se sienten al menos 30 grados, en el salón, como en todos los lugares cerrados de la ciudad, el aire acondicionado baja la temperatura a 15.

“El primer paso es que amplíen la inversión empresas que ya están en el país. También hay fondos de EE.UU. dispuestos a comprar otras firmas que ya están radicadas. Y el punto más difícil es conseguir que vuelvan a radicarse compañías que se fueron hace muchos años”, explica Díaz.

Otra parte fuerte de las inversiones sería en infraestructura.En las próximas semanas se espera un viaje del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, a Washington y Nueva York, para presentar un megaplan de obras, convencer a los empresarios norteamericanos que inviertan en el país y a la banca que les provea financiamiento. Podrían entrar en la modalidad público-privada que prevé el Gobierno como un motor de la infraestructura en los próximos años.

El contexto que dejó el kirchnerismo para la inversión privada no parece el mejor. “Hay que recrear condiciones. En los países desarrollados, el 20, 25% de la inversión es pública y el resto es privada. En Argentina, en los últimos años, más del 80% fue pública. Y no podemos tomar a Lázaro Báez como un inversor privado…”, ironizan durante la charla.

Durante el encuentro, también expuso Neil Herrington, de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y especialista en la región. Como casi todos los funcionarios y empresarios norteamericanos que hablan sobre la Argentina, arranca elogiando “las reformas del nuevo Gobierno” y el “mucho potencial” que ven en nuestro país. Pero enseguida menciona, junto con los otros participantes, algunos cambios pendientes en el país para fomentar la inversiones extranjera, como “propiedad intelectual, temas aduaneros, fiscales y laborales”.

Respecto a estos dos últimos, la meneadas reformas tributaria y laboral que se cree el Gobierno impulsará tras la elección, la idea aquí es que no serán profundas. “Con el déficit fiscal que hay, no tenés margen para reducir mucho la carga impositiva. Y con el trabajo no podés ir a una reforma extrema como la de Brasil, porque el país no lo soporta. El blanqueo laboral permitirá ampliar la base de aportes y se podrá reducir un poco el resto, pero es difícil que se haga un ajuste importante”, se argumentó.

El alto costo laboral argentino, y la pérdida de competitividad que esto le ocasiona al país, fue una de las principales trabas para la inversión que se repitió durante la charla. El otro factor que genera dudas trabaja justo enfrente del edificio donde se dio la charla: la US Chamber of Commerce mira hacia la Casa Blanca que conduce Donald Trump.

Varias de estas incógnitas las planteó Benjamin N. Gedan, ex funcionario de Barack Obama (participó de la organización del viaje del ex presidente de Estados Unidos a Buenos Aires) y especialista en la Argentina. Hoy forma parte del Wilson Center (una entidad no gubernamental) y el miércoles hará una presentación en la Embajada argentina en Washington justamente para promover la relación entre ambos países.

“Hay tres factores que cambiaron con Trump. Tiene una mirada de corto plazo, prioriza los temas domésticos y no entiende la importancia de tener aliados consistentes en la región”, enumera Gedan. Estos temas, cree el ex funcionario de Obama, pueden haber incidido para la desorbitada suba de aranceles que se impuso al biodiésel argentino. Un negocio de unos 1.200 millones de dólares anuales que frenó la administración norteamericana días después de la visita del vice de Trump a Buenos Aires.

Según Gedan, la nueva lógica estadounidense para negociar, no sólo con la Argentina, es “¿qué recibimos? ¿Qué nos dan? Por ejemplo, se reabrió la venta de limones en Estados Unidos pero a cambio se negoció el ingreso de cerdos desde Estados Unidos”.

Esta estrategia “transaccional”, no descarta Gedan, podría aplicarse también para el biodiésel. En los próximos días se espera que el Gobierno de EE.UU. conteste si acepta la propuesta argentina de “cuotificación”: es decir, volver a exportar una parte de la producción con los aranceles anteriores y el resto con la sobretasa de más de 50% que fijó la administración de Trump. ¿Reclamarán algo a cambio?

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